Ficha🟣 Avanzado

Comunicación científica para el público general

🟣 Nivel Avanzado  ·  Comunicacionales

¿Cuánto puede simplificarse una explicación científica antes de que deje de ser una explicación fiel?

La pregunta parece lingüística, pero en realidad es epistemológica. Una persona que comunica ciencia decide qué antecedentes eliminar, qué incertidumbre conservar, qué metáforas utilizar, qué cifras traducir y qué conclusión permitir que la audiencia se lleve a casa. Un mensaje puede ser técnicamente correcto y, sin embargo, producir una comprensión equivocada. Comunicar ciencia para públicos no especializados exige algo más difícil que “hablar sencillo”: reconstruir conocimiento sin fabricar una certeza que la investigación original nunca tuvo.

Qué lograrás

Objetivo didáctico

Al terminar esta ficha serás capaz de transformar evidencia científica especializada en mensajes comprensibles y responsables para audiencias no expertas, conservando los hallazgos centrales, la incertidumbre relevante y las condiciones necesarias para que el público pueda interpretar riesgos y tomar decisiones informadas.

Punto de partida

Introducción

Durante buena parte del siglo XX, una visión influyente de la divulgación imaginó el problema de forma casi hidráulica: la ciencia poseía conocimiento, el público tenía un déficit y comunicar consistía en llenar ese vacío. El llamado modelo del déficit fue posteriormente cuestionado porque las personas no evalúan información científica únicamente según cuánto saben. También intervienen confianza, valores, experiencias, identidad, percepción de justicia, conocimiento local y relación con las instituciones.

La historia detrás de este cambio resulta reveladora. En 1985, el llamado Bodmer Report de la Royal Society británica impulsó con fuerza la idea de mejorar la comprensión pública de la ciencia y alentó a los propios científicos a participar en comunicación. El movimiento ayudó a legitimar la divulgación como responsabilidad científica, pero investigaciones posteriores mostraron que aumentar información no garantiza automáticamente aceptación ni confianza. Comunicar no es simplemente transferir conocimiento desde quien sabe hacia quien no sabe.

🔷 Comunicación científica
Burns, O’Connor y Stocklmayer (2003) propusieron entenderla como el uso de habilidades, medios, actividades y diálogo apropiados para producir respuestas como conciencia, disfrute, interés, formación de opinión y comprensión de la ciencia. Esta definición desplaza el foco desde “transmitir datos” hacia lo que ocurre entre evidencia, comunicador y audiencia.

Esta diferencia importa cuando la ciencia sale del laboratorio. Una cifra sobre contaminación atmosférica puede afectar decisiones familiares; una estimación epidemiológica puede modificar conductas; una explicación sobre inteligencia artificial puede influir en políticas; una nota sobre sequía puede alterar la percepción de responsabilidades públicas. El comunicador no controla cómo será utilizado el mensaje, pero sí puede evitar varios errores previsibles: confundir correlación con causalidad, eliminar incertidumbre, presentar porcentajes sin denominador, exagerar novedad o utilizar una anécdota como si reemplazara la evidencia.

Comunicar para el público general tampoco equivale a escribir “para gente que no sabe”. Una audiencia puede desconocer una técnica estadística y conocer profundamente el territorio, la enfermedad, la actividad económica o el problema social al que esa investigación se refiere. En nivel avanzado, la comunicación científica parte de una premisa más exigente: el conocimiento especializado necesita traducción, pero la audiencia merece ser tratada como interlocutora y no como recipiente vacío.

El contenido

Desarrollo del tema

01

Divulgación científica: traducir sin convertir la ciencia en otra cosa

La divulgación rigurosa realiza al menos dos operaciones simultáneas. Reduce la carga cognitiva que no resulta indispensable para comprender el hallazgo y conserva las distinciones que sí cambian su significado. Esto significa que eliminar jerga puede ser adecuado, pero eliminar conceptos no siempre lo es. Si una investigación identifica una asociación, sustituir esa palabra por “provoca” no constituye divulgación: cambia el tipo de afirmación científica.

En 2003, Burns, O’Connor y Stocklmayer propusieron el modelo AEIOU para pensar resultados de comunicación científica: Awareness, Enjoyment, Interest, Opinions y Understanding. Su utilidad está en mostrar que la comunicación puede perseguir objetivos diferentes. Una exposición puede despertar interés sin enseñar una metodología completa; una explicación sobre vacunación o contaminación, en cambio, puede necesitar comprensión suficiente para tomar decisiones.

Traducción científica fiel
Toca una rama para explorar qué debe conservar una buena traducción científica.

Las analogías también necesitan control. Decir que el ADN funciona “como un plano” puede introducir una idea inicial de información, pero también puede sugerir que existe un diseño completamente fijo y unívoco, ignorando regulación, ambiente y expresión génica. Una analogía responsable debería incluir su propia frontera: “se parece a esto en este aspecto, pero deja de parecerse aquí”.

La divulgación científica se parece menos a reducir una fotografía que a preparar un mapa del Metro para una persona que necesita llegar a un destino. El mapa elimina árboles, edificios y altitudes porque no son necesarios para esa tarea; lo que no puede hacer es intercambiar dos estaciones para que el trayecto resulte más sencillo. Simplificar es seleccionar información. Distorsionar es modificar las relaciones necesarias para comprenderla.

💫 Una persona puede comprender perfectamente una explicación científica y seguir tomando una decisión distinta de la que el comunicador esperaba.
La investigación contemporánea en comunicación científica distingue entre comprensión y persuasión: más conocimiento no produce automáticamente confianza, acuerdo político o cambio de conducta (National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine, 2017).

02

Resúmenes accesibles: reducir complejidad sin borrar la arquitectura de la evidencia

Un resumen accesible responde preguntas distintas de un abstract científico. El abstract presupone una comunidad disciplinar y suele condensar problema, método, resultados y conclusión mediante vocabulario técnico. El resumen para público general necesita reconstruir conexiones que el especialista puede dar por conocidas: por qué se hizo el estudio, qué se comparó, qué significa la medida central y hasta dónde pueden extenderse sus conclusiones.

Las métricas de legibilidad pueden ayudar, pero no sustituyen esa reconstrucción. Rudolf Flesch publicó en 1948 una fórmula de facilidad de lectura basada principalmente en longitud de palabras y oraciones. Un texto puede obtener una puntuación sencilla y seguir siendo conceptualmente opaco: “el riesgo bajó mucho” contiene palabras fáciles, pero no dice riesgo de qué, respecto de qué población ni desde qué valor inicial.

Una estrategia más sólida consiste en encontrar el núcleo mínimo de fidelidad. Antes de resumir, escriba cinco respuestas: qué pregunta se investigó, qué se hizo, qué se observó, qué significa y qué no puede concluirse. Después decida cuáles necesitan aparecer en el texto público. La limitación no debe añadirse automáticamente como una nota defensiva al final; cuando cambia el sentido del hallazgo, pertenece al cuerpo central.

Un buen resumen accesible, además, utiliza números interpretables. “La probabilidad pasó de 2 % a 3 %” y “el riesgo aumentó 50 %” describen el mismo cambio relativo, pero producen impresiones distintas. Cuando una decisión depende de la magnitud, conviene ofrecer valores absolutos y relativos. Traducir cifras no consiste en ocultarlas: consiste en proporcionar el marco que permite entenderlas.

03

Comunicación de riesgo: explicar probabilidades cuando hay consecuencias reales

La comunicación de riesgo añade una dificultad que no existe en muchas otras formas de divulgación: la audiencia puede necesitar actuar antes de que toda la incertidumbre haya desaparecido. Una emergencia ambiental, un fenómeno meteorológico, una alerta sanitaria o una nueva tecnología pueden exigir decisiones bajo información incompleta. Peter Sandman condensó durante décadas una intuición fundamental: la respuesta pública al riesgo no depende únicamente del peligro técnicamente estimado, sino también de factores como voluntariedad, control, confianza, equidad y temor.

Baruch Fischhoff señaló en 2013 que la comunicación científica efectiva necesita integrar ciencia de la comunicación, análisis de decisiones y comprensión de las necesidades de la audiencia. La pregunta no debería ser solamente “¿qué información queremos comunicar?”, sino “¿qué necesita saber esta persona para tomar la decisión que enfrenta?”. Ese cambio parece pequeño, pero transforma por completo el mensaje.

La incertidumbre debe expresarse de manera proporcionada. “Existe 30 % de probabilidad” comunica algo distinto de “puede ocurrir”. Cuando una estimación depende de escenarios, modelos o rangos, esconderlos puede producir una falsa precisión. Pero enumerar cada fuente de incertidumbre con lenguaje especializado tampoco ayuda. El desafío consiste en explicar qué se sabe, qué no se sabe y qué decisión sigue siendo razonable bajo ambas condiciones.

Q2 Alta consecuencia Mayor incertidumbre Q1 Alta consecuencia Mayor certeza Q3 Menor consecuencia Mayor incertidumbre Q4 Menor consecuencia Mayor certeza Certeza de evidencia → Consecuencia ↑
Toca un cuadrante para observar cómo debería cambiar la comunicación.

También conviene evitar el recurso de tranquilizar con absolutos. Frases como “no existe ningún riesgo” suelen ser más vulnerables que formulaciones proporcionales. En comunicación pública, una promesa de certeza que después debe corregirse puede deteriorar confianza más que reconocer desde el principio lo que todavía está siendo investigado.

Un ejemplo cotidiano aparece con la calidad del aire. Informar únicamente una concentración técnica puede ser inútil para quien necesita decidir si realiza ejercicio al aire libre. El mensaje mejora cuando conecta nivel observado, población susceptible, acción recomendable y duración esperada del episodio. La traducción se convierte así en una interfaz entre evidencia y decisión.

04

Relación ciencia-medios: velocidad periodística frente a temporalidad científica

La ciencia y el periodismo trabajan con relojes diferentes. Una investigación puede pasar meses o años entre diseño, recolección, análisis, revisión y publicación. Una redacción puede necesitar comprenderla y convertirla en noticia durante la misma mañana. Esta asimetría explica muchas tensiones: titulares más concluyentes que los artículos, énfasis excesivo en “descubrimientos”, problemas para explicar incertidumbre y dependencia de comunicados de prensa.

Peters y colaboradores publicaron en 2008 un estudio internacional sobre interacciones entre científicos y medios que incluyó investigadores de cinco países. La relación no apareció simplemente como una oposición entre académicos reacios y periodistas irresponsables: numerosos científicos mantenían contactos con medios y consideraban la comunicación pública una actividad legítima, aunque existían preocupaciones sobre exactitud, simplificación y control del mensaje.

Un científico que habla con periodistas necesita aprender a diferenciar entre mensaje principal y control total. Puede preparar una explicación clara, verificar cifras y anticipar malentendidos, pero no escribir el artículo del periodista. El comunicador profesional, por su parte, necesita resistir una tentación inversa: interpretar cualquier cautela científica como incapacidad de ofrecer una respuesta.

⚠️ Dos errores especialmente costosos
Falso equilibrio: presentar dos posiciones como científicamente equivalentes solo porque existen voces públicas que defienden ambas. Exageración de novedad: convertir un estudio aislado en “la ciencia demuestra”. Una controversia social no implica necesariamente una controversia científica, y una publicación nueva rara vez borra por sí sola todo el conocimiento acumulado.

La relación mejora cuando ambas partes acuerdan qué necesita verificarse. Antes de una entrevista, el científico puede preparar tres niveles: una frase central, una explicación de un minuto y una versión más detallada. También puede disponer de cifras y enlaces a la fuente primaria. Después de la entrevista, es razonable aclarar un dato factual si el periodista lo solicita; pretender aprobar todo el texto antes de publicación pertenece a otra lógica.

En América Latina, esta colaboración tiene además una dimensión de representación. Muchas noticias científicas llegan a medios regionales a través de agencias o instituciones extranjeras. Incorporar especialistas mexicanos y latinoamericanos puede revelar diferencias de contexto que una nota internacional no contempla: infraestructura sanitaria, biodiversidad, regulación, clima, acceso tecnológico o desigualdad.

05

Conferencias y charlas TED: narrar una idea sin convertir el escenario en evidencia

La exposición oral añade una restricción severa: la audiencia no puede releer instantáneamente un párrafo como lo haría con un artículo. La estructura debe ser audible. Esto implica señalar transiciones, limitar ideas simultáneas y utilizar ejemplos que permitan construir una representación mental antes de introducir nuevas capas de complejidad.

TED comenzó como una conferencia sobre tecnología, entretenimiento y diseño en 1984; sus charlas se difundieron ampliamente en internet desde 2006. Uno de los rasgos más reconocibles del formato es su límite habitual de 18 minutos. Chris Anderson, responsable de TED durante su expansión internacional, ha defendido una premisa sencilla: una charla efectiva necesita una idea central suficientemente clara como para ser construida paso a paso en la mente de la audiencia.

El formato también merece una lectura crítica. Una historia memorable no es evidencia. Una imagen cerebral espectacular no reemplaza una explicación metodológica. Y una puesta en escena impecable puede generar una sensación de comprensión superior a la comprensión real. La investigación de Michael Dahlstrom sobre narrativas científicas ha mostrado que las historias pueden mejorar interés, comprensión y recuerdo, pero precisamente por su poder requieren atención ética: una narrativa puede hacer que una afirmación resulte intuitivamente verdadera antes de que haya sido examinada.

Para una conferencia científica dirigida al público general, resulta útil distinguir trayectoria narrativa de prueba científica. La primera organiza atención: problema, sorpresa, búsqueda, hallazgo, consecuencia. La segunda establece por qué deberíamos creer el hallazgo. Una buena charla usa ambas, pero nunca presenta la emoción producida por la primera como sustituto de la segunda.

Construir una charla científica para público general
Revela progresivamente las cinco capas de una intervención breve.

En la práctica, una exposición sobre resistencia antimicrobiana, contaminación del agua o inteligencia artificial debería poder sobrevivir a una prueba sencilla: si se elimina la puesta en escena y se conserva únicamente la cadena de afirmaciones, ¿siguen siendo defendibles? La elocuencia debe aumentar la capacidad de seguir el argumento, no compensar su debilidad.

🤔

¿Qué debería recordar una audiencia una semana después de una charla científica: el carisma del expositor, una historia, una cifra o una relación causal que ahora comprende mejor?

Cierre

Conclusión

Comunicar ciencia al público general es un ejercicio de reconstrucción. La evidencia científica suele llegar en una arquitectura preparada para especialistas: antecedentes compartidos, métodos condensados, convenciones estadísticas y vocabulario técnico. El comunicador necesita levantar otra arquitectura para una audiencia distinta sin cambiar los pilares que sostienen la conclusión.

Esto exige tomar decisiones explícitas. La divulgación selecciona qué complejidad conservar; el resumen accesible transforma método y hallazgo en una cadena comprensible; la comunicación de riesgo vincula evidencia con decisiones bajo incertidumbre; la relación ciencia-medios obliga a negociar precisión y velocidad; y la conferencia utiliza narrativa, voz y presencia para mantener una idea en la memoria sin convertir la elocuencia en sustituto de la prueba.

Quizá la competencia más importante sea resistir dos extremos. El primero afirma que el público “no entenderá” y elimina todas las distinciones difíciles. El segundo protege tanto la precisión disciplinar que hace imposible participar a quien no pertenece al campo. Entre ambos existe una tarea intelectual más exigente: descubrir cuál es la explicación mínima que conserva la estructura causal, probabilística o metodológica necesaria para que otra persona pueda comprender y decidir.

🔭 Para seguir aprendiendo

  • ¿Cómo debería comunicarse un hallazgo cuando es científicamente sólido pero entra en conflicto con conocimientos o experiencias locales de una comunidad?
  • ¿Qué formas de incertidumbre necesita conocer siempre una audiencia y cuáles pueden omitirse sin afectar una decisión?
  • ¿Cómo cambia la confianza pública cuando una institución explica abiertamente que sus recomendaciones podrían modificarse con nueva evidencia?
  • ¿Qué responsabilidades adicionales aparecen cuando herramientas de inteligencia artificial resumen artículos científicos o preparan mensajes públicos sin consultar directamente las fuentes primarias?
Ahora tú

Actividad de aprendizaje autónoma

Producto: paquete de comunicación científica en tres formatos. El objetivo es comprobar si una misma evidencia puede transformarse para audiencias y medios distintos sin alterar injustificadamente su significado.

  1. Seleccione un artículo científico, informe técnico o reporte institucional verificable relacionado con un problema relevante para México o América Latina. Evite comenzar desde una nota periodística: trabaje con la fuente primaria.
  2. Identifique en una hoja aparte cinco elementos: pregunta de investigación, método, hallazgo central, principal incertidumbre o limitación y consecuencia práctica razonable.
  3. Escriba un resumen accesible de 180 a 220 palabras para una persona adulta sin formación especializada. Puede conservar términos técnicos, pero debe explicar inmediatamente los que sean indispensables.
  4. Transforme el mismo contenido en un mensaje de comunicación de riesgo de máximo 120 palabras. Incluya magnitud o probabilidad cuando exista, población afectada, grado de incertidumbre y una acción proporcional a la evidencia.
  5. Prepare una mini-charla de tres minutos. Utilice una pregunta humana, una idea central, una evidencia, una limitación y una apertura final. No introduzca más de una cifra central si la audiencia necesita memorizarla.
  6. Compare los tres productos con la fuente original. Subraye toda frase que sea más fuerte que el documento científico y corríjala.
  7. Entregue los tres formatos junto con una breve memoria editorial de 150 palabras donde explique qué eliminó, qué conservó obligatoriamente y qué riesgo de interpretación intentó evitar.
Prueba de fidelidad antes de publicar
Complete las cuatro reglas que deberían sobrevivir al cambio de formato.
Si el estudio identifica una asociación, el resumen no debe transformarla automáticamente en .
Una cifra de riesgo necesita un que permita comprender respecto de qué población o cantidad se calcula.
Cuando una limitación cambia la interpretación del hallazgo, debe conservarse como parte de la y no esconderse como detalle irrelevante.
Una historia puede organizar atención y memoria, pero no sustituye la científica que sostiene la afirmación.

Evidencia de logro: la actividad está completa cuando las tres versiones permiten identificar el mismo hallazgo central y ninguna introduce una relación causal, magnitud, certeza o recomendación que no pueda rastrearse hasta la fuente original. La memoria editorial debe justificar al menos tres decisiones de simplificación y explicar qué información se negó deliberadamente a eliminar.

Reflexión final: ¿qué parte del texto científico parecía inicialmente “demasiado técnica” para el público, pero después descubrió que contenía una distinción indispensable para no cambiar el significado del hallazgo?

Referencias · APA 7

  • Anderson, C. (2016). TED talks: The official TED guide to public speaking. Houghton Mifflin Harcourt.
  • Burns, T. W., O’Connor, D. J., & Stocklmayer, S. M. (2003). Science communication: A contemporary definition. Public Understanding of Science, 12(2), 183–202. https://doi.org/10.1177/09636625030122004
  • Dahlstrom, M. F. (2014). Using narratives and storytelling to communicate science with nonexpert audiences. Proceedings of the National Academy of Sciences, 111(Supplement 4), 13614–13620. https://doi.org/10.1073/pnas.1320645111
  • Fischhoff, B. (2013). The sciences of science communication. Proceedings of the National Academy of Sciences, 110(Supplement 3), 14033–14039. https://doi.org/10.1073/pnas.1213273110
  • Flesch, R. (1948). A new readability yardstick. Journal of Applied Psychology, 32(3), 221–233. https://doi.org/10.1037/h0057532
  • National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine. (2017). Communicating science effectively: A research agenda. The National Academies Press. https://doi.org/10.17226/23674
  • Peters, H. P., Brossard, D., de Cheveigné, S., Dunwoody, S., Kallfass, M., Miller, S., & Tsuchida, S. (2008). Interactions with the mass media. Science, 321(5886), 204–205.