Si los mercados funcionan mediante decisiones “libres”, ¿por qué una subida de tasas de interés en otro país puede modificar el empleo, el tipo de cambio o el presupuesto público en México?
La economía política comienza precisamente donde termina la idea de que economía y poder viven en mundos separados. Los mercados necesitan leyes, monedas, derechos de propiedad, infraestructura y decisiones públicas; al mismo tiempo, quienes poseen capital, tecnología, crédito o capacidad de inversión pueden influir sobre esas reglas. El dilema no es escoger entre “Estado” y “mercado”, sino comprender quién organiza cada mercado, bajo qué instituciones y con qué distribución de beneficios y riesgos. Esta ficha no te dará UNA respuesta. Te dará las herramientas para construir la tuya.
Objetivo didáctico
Al terminar esta ficha serás capaz de analizar cómo se relacionan poder político y mercado, distinguiendo instituciones, regímenes de acumulación, intervención estatal, financiarización y desigualdades internacionales cuando examines decisiones económicas, crisis financieras, políticas públicas o cadenas productivas que afectan a México y América Latina.
Introducción
Comprar una tortilla, contratar un crédito hipotecario o recibir un salario parecen actos económicos privados. Sin embargo, detrás de cada uno existen decisiones colectivas: qué moneda se utiliza, qué contratos son legales, quién puede otorgar crédito, cómo se regula la competencia, qué impuestos se cobran, qué infraestructura financia el Estado y qué derechos posee quien trabaja. El mercado no aparece espontáneamente; funciona dentro de instituciones que distribuyen capacidades y obligaciones.
Esta observación se volvió central para la economía política moderna. Karl Polanyi argumentó en 1944 que los mercados autorregulados no podían comprenderse como una esfera completamente separada de la sociedad. Décadas después, Susan Strange mostró que el poder internacional también opera mediante estructuras financieras, productivas, tecnológicas y de conocimiento, no únicamente mediante ejércitos o diplomacia (Polanyi, 1944; Strange, 1988).
🔷 Marco conceptual: economía política
La economía política estudia cómo las instituciones y relaciones de poder configuran la producción, distribución, intercambio y financiamiento de bienes y servicios. No supone que “Estado” y “mercado” sean enemigos naturales: pregunta cómo se construyen mutuamente, quién establece las reglas y qué grupos adquieren mayor capacidad para influir sobre ellas (Gilpin, 2001; Strange, 1988).
Esta perspectiva permite estudiar fenómenos que una lectura exclusivamente económica puede dejar en segundo plano. Una política industrial no altera solo precios: modifica quién recibe crédito o infraestructura. Una crisis de deuda no representa únicamente un problema contable: puede transferir capacidad de decisión desde gobiernos nacionales hacia acreedores. Una cadena global de producción no distribuye únicamente tareas: también distribuye propiedad intelectual, riesgos laborales y poder para fijar precios.
El tema resulta especialmente relevante para América Latina. Desde la industrialización por sustitución de importaciones hasta las reformas de mercado de finales del siglo XX, desde la crisis mexicana de deuda de 1982 hasta las actuales disputas sobre energía, minerales estratégicos, cadenas regionales y política industrial, la región ha funcionado como laboratorio de modelos distintos sobre la relación entre Estado, capital y desarrollo.
Desarrollo del tema
Economía política internacional: los mercados mundiales también tienen arquitectura
La economía política internacional estudia la interacción entre Estados, mercados y actores transnacionales. Una fecha ayuda a entender su lógica: en julio de 1944, representantes de 44 países aliados se reunieron en Bretton Woods, Estados Unidos, para diseñar parte del sistema económico de la posguerra. De ese proceso surgieron el Fondo Monetario Internacional y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, origen del actual Banco Mundial. El objetivo no era “liberar” al mercado de la política, sino construir reglas políticas para que determinadas formas de comercio, monedas y pagos internacionales pudieran funcionar.
La arquitectura volvió a modificarse cuando Estados Unidos suspendió en 1971 la convertibilidad del dólar en oro, debilitando el régimen cambiario original de Bretton Woods. En 1995 comenzó a operar la Organización Mundial del Comercio. Cada transformación cambió los incentivos disponibles para gobiernos, empresas y capital financiero. Las reglas económicas internacionales, por tanto, no son leyes naturales: resultan de acuerdos, conflictos y distribuciones históricas de poder.
Robert Gilpin distinguía tres grandes tradiciones de interpretación: perspectivas liberales que enfatizan beneficios del intercambio, nacionalistas o mercantilistas que vinculan economía y poder estatal, y perspectivas marxistas que analizan desigualdades estructurales y relaciones de clase (Gilpin, 2001). Las fronteras entre ellas no son absolutas, pero ayudan a descubrir qué presupuestos se esconden detrás de debates sobre libre comercio, proteccionismo, inversión extranjera o soberanía económica.
En la vida cotidiana mexicana esta arquitectura aparece en productos tan comunes como un teléfono celular. Puede diseñarse en un país, utilizar minerales extraídos en otro, incorporar semiconductores producidos en Asia, ensamblarse en distintos territorios, financiarse mediante mercados internacionales y venderse bajo normas fiscales y comerciales nacionales. Preguntar quién obtiene las rentas más altas de esa cadena es una pregunta de economía política, no solo de eficiencia productiva.
Regímenes de acumulación: cuando una forma de producir necesita instituciones compatibles
El concepto de régimen de acumulación se asocia especialmente con la escuela francesa de la regulación. Michel Aglietta publicó en 1976 su estudio sobre regulación y capitalismo en Estados Unidos; posteriormente Robert Boyer y otros autores desarrollaron un marco para explicar cómo determinadas formas de producción pueden estabilizarse temporalmente gracias a instituciones salariales, monetarias, fiscales y comerciales compatibles (Aglietta, 1979; Boyer, 1990).
El ejemplo clásico es el fordismo. Henry Ford introdujo en 1913 la línea móvil de ensamblaje en su planta de Highland Park y en 1914 anunció la famosa jornada salarial de cinco dólares para determinados trabajadores. Pero el fordismo histórico fue mucho más que una técnica industrial: terminó asociado con producción masiva, consumo masivo, negociación colectiva, crecimiento salarial y políticas macroeconómicas que ayudaban a sostener demanda.
La línea de ensamblaje simboliza la búsqueda de productividad mediante estandarización y grandes escalas de producción. El modelo se expandió gradualmente mucho más allá de Ford.
En varias economías industrializadas, productividad, salarios, consumo y expansión del Estado social formaron una combinación relativamente estable, aunque nunca universal.
Producción fragmentada internacionalmente, subcontratación, digitalización y mayor movilidad financiera alteraron las instituciones asociadas con el modelo anterior.
El concepto no debe entenderse como una sucesión mecánica de “etapas” por las que todos los países pasan de igual manera. México, Corea del Sur, Brasil y Alemania nunca tuvieron exactamente el mismo fordismo, ni experimentaron de idéntica forma la liberalización posterior. Un régimen de acumulación es un instrumento analítico: permite observar qué combinación de organización productiva, salarios, crédito, demanda, tecnología y regulación hace viable cierto patrón de crecimiento durante un periodo.
Esta mirada ayuda a comprender por qué una innovación tecnológica no transforma automáticamente una economía. La automatización, por ejemplo, interactúa con sistemas educativos, normas laborales, disponibilidad de crédito, infraestructura y estrategias empresariales. La pregunta relevante deja de ser únicamente “¿qué tecnología existe?” y pasa a ser “¿qué instituciones permiten que sus ganancias de productividad se distribuyan de una forma y no de otra?”.
El rol del Estado en la economía: no elegir entre intervenir o no intervenir, sino cómo intervenir
La oposición entre “Estado” y “mercado” puede ocultar más de lo que explica. Todo mercado desarrollado necesita moneda, contratos exigibles, tribunales, infraestructura y algún régimen de propiedad. La cuestión política consiste en determinar qué funciones debe asumir el Estado, qué sectores requieren regulación, quién financia bienes públicos y cuándo la intervención corrige problemas o crea nuevos privilegios.
México ofrece ejemplos históricos contrastantes. La expropiación petrolera de 1938 amplió radicalmente la participación estatal en un sector estratégico. Décadas después, la crisis de deuda de 1982 aceleró un giro hacia privatizaciones, apertura comercial y disciplina macroeconómica. En 1994 entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. En menos de seis décadas, el país atravesó configuraciones muy distintas de propiedad, regulación e integración internacional.
La literatura sobre el Estado desarrollista mostró que varios procesos exitosos de industrialización tardía combinaron mercados con burocracias capaces de orientar crédito, apoyar sectores estratégicos y exigir desempeño a empresas beneficiarias. Peter Evans llamó a una de estas condiciones autonomía enraizada: un Estado suficientemente conectado con actores productivos para conocer sus problemas, pero suficientemente autónomo para no convertirse simplemente en instrumento de intereses particulares (Evans, 1995).
Si una empresa obtiene subsidios, infraestructura pública, protección jurídica y trabajadores formados con recursos sociales, ¿dónde termina exactamente “el mercado” y dónde comienza “el Estado”?
La misma pregunta aparece en salud, energía, telecomunicaciones y banca. Una intervención puede reducir monopolios o consolidarlos; un subsidio puede crear una nueva industria o convertirse en transferencia permanente hacia grupos políticamente influyentes. Evaluar al Estado exige entonces analizar capacidad institucional, mecanismos de rendición de cuentas y resultados, no limitarse a medir cuánto gasta.
Financiarización: cuando las decisiones financieras reorganizan la economía productiva
El término financiarización describe el crecimiento del peso de mercados, actores, incentivos y ganancias financieras dentro de economías contemporáneas. Gerald Epstein la definió en 2005 como la creciente importancia de motivos, mercados, actores e instituciones financieras en la operación de economías nacionales e internacionales. Greta Krippner mostró posteriormente cómo, en Estados Unidos, una proporción creciente de beneficios corporativos llegó a vincularse con actividades financieras (Epstein, 2005; Krippner, 2011).
La financiarización puede observarse cuando una empresa toma decisiones no solo para producir más o innovar, sino para satisfacer métricas financieras de corto plazo; cuando hogares dependen del crédito para educación o vivienda; o cuando gobiernos ajustan políticas para conservar acceso a mercados financieros. El poder cambia porque quien controla liquidez y financiamiento puede imponer condiciones sin poseer necesariamente fábricas, tierras o recursos naturales.
billones/día
La magnitud del sistema financiero cambia la relación entre decisiones privadas y políticas públicas. Una salida rápida de capital puede presionar una moneda; el aumento de las tasas internacionales puede encarecer el servicio de deuda; una crisis bancaria puede obligar al Estado a intervenir para evitar que el sistema de pagos se paralice. Por eso las finanzas poseen un poder estructural: condicionan qué políticas parecen financieramente posibles.
La crisis global de 2008 mostró otra dimensión. Problemas originados en mercados hipotecarios y productos financieros complejos se transmitieron internacionalmente mediante bancos, fondos y balances interconectados. Para un ciudadano en México, la financiarización aparece de manera menos espectacular pero más cercana cuando una variación en tasas modifica una hipoteca, cuando el tipo de cambio altera precios importados o cuando el presupuesto público destina mayores recursos al servicio de deuda.
Economía del Sur Global: desarrollo, dependencia y espacio para decidir
“Sur Global” no significa simplemente hemisferio sur ni funciona como sinónimo exacto de pobreza. Es una categoría política e histórica utilizada para agrupar experiencias de colonialismo, industrialización tardía, dependencia financiera y participación desigual en la economía mundial. Incluye países muy diferentes en ingreso, tamaño y capacidades. Precisamente por eso debe utilizarse como marco de análisis y no como etiqueta homogénea.
América Latina contribuyó decisivamente a esta discusión. En 1949, el economista argentino Raúl Prebisch elaboró para la CEPAL un diagnóstico que distinguía entre centro y periferia. Su argumento cuestionó la idea de que especializarse según ventajas comparativas produciría automáticamente convergencia. Las estructuras productivas importaban: economías concentradas en productos primarios enfrentaban problemas distintos de aquellas capaces de desarrollar sectores industriales y tecnológicos (Prebisch, 1950).
La historia continuó en 1964, cuando 77 países en desarrollo firmaron la Declaración Conjunta de los Setenta y Siete al finalizar la primera conferencia de UNCTAD. El grupo conservó el nombre G77 aunque posteriormente incorporó a muchos más países. Diez años después, en 1974, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la Declaración sobre el Establecimiento de un Nuevo Orden Económico Internacional, expresión de un intento político por modificar reglas sobre comercio, materias primas, tecnología y desarrollo.
La crisis latinoamericana de los años ochenta mostró crudamente cómo poder y mercado se combinan. Países endeudados tuvieron que negociar con bancos, gobiernos acreedores y organismos financieros mientras ajustaban gasto, tipos de cambio y estrategias de desarrollo. Las decisiones seguían siendo formalmente nacionales, pero el espacio material para elegir se había reducido. Esa experiencia alimentó debates posteriores sobre dependencia, autonomía y policy space.
Hoy las discusiones del Sur Global incluyen problemas nuevos y antiguos: industrialización verde, minerales críticos, transición energética, tributación de empresas transnacionales, deuda, transferencia tecnológica y control de datos. La pregunta ya no es solamente cuánto exporta un país, sino qué capacidades acumula gracias a esas exportaciones. Un país puede producir millones de unidades de un bien y seguir dependiendo del exterior para patentes, plataformas, maquinaria, financiamiento o diseño.
Conclusión
Cumplir el objetivo de esta ficha exige abandonar dos simplificaciones: que el mercado existe sin política y que toda intervención estatal necesariamente sustituye al mercado. La economía política muestra algo más complejo. Estados, empresas, trabajadores, instituciones financieras y organizaciones internacionales participan en la creación de reglas que determinan qué puede comprarse, venderse, financiarse o poseerse y bajo qué condiciones.
Los regímenes de acumulación muestran que una economía necesita instituciones compatibles con su forma de producir; el debate sobre el Estado revela que capacidad y disciplina institucional importan tanto como el tamaño de la intervención; la financiarización demuestra que el crédito puede convertirse en una estructura de poder; y la experiencia del Sur Global obliga a preguntar si integrarse a los mercados mundiales genera también capacidades para modificar la posición ocupada dentro de ellos. La economía política, en último término, pregunta no solo cuánto crece una economía, sino quién puede decidir cómo crece y quién recibe los beneficios, costos y riesgos de esa decisión.
🔭 Para seguir aprendiendo
- ¿La transición energética puede modificar la posición económica de América Latina o reproducirá una nueva dependencia basada en minerales estratégicos?
- ¿Cómo cambia la economía política cuando datos, algoritmos y plataformas digitales se convierten en activos capaces de generar rentas?
- ¿Qué sectores de la economía mexicana permiten acumular capacidades tecnológicas propias y cuáles conservan mayor dependencia de conocimiento, capital o propiedad intelectual externos?
Actividad de aprendizaje autónoma
Producto esperado: mapa argumentativo de poder y mercado. Elige un bien o servicio relevante para la vida en México —por ejemplo maíz, aguacate, gasolina, electricidad, medicamentos, teléfonos celulares, vivienda o crédito— y reconstruye la economía política que existe detrás de su precio y disponibilidad.
- Identifica al menos cinco actores: productores, trabajadores, empresas, gobierno, bancos, consumidores, organismos internacionales u otros.
- Describe tres reglas que organizan el mercado elegido: propiedad, impuestos, regulación, comercio, financiamiento, concesiones, subsidios o derechos laborales.
- Señala quién posee mayor capacidad para fijar condiciones y explica de dónde proviene ese poder.
- Identifica al menos una relación internacional relevante: importaciones, exportaciones, deuda, tecnología, inversión o propiedad intelectual.
- Formula una modificación institucional que podría cambiar la distribución de beneficios o riesgos.
- Escribe una objeción seria contra tu propia propuesta y responde a ella utilizando evidencia.
Antes de redactar tu argumento final, completa estas relaciones. No son definiciones aisladas: sirven como control conceptual para evitar confundir los niveles del análisis.
Después del control conceptual, utiliza esta lista para revisar la calidad de tu producto. Marcar una casilla no demuestra por sí mismo que el criterio esté cumplido: úsala para volver a tu mapa y comprobar la evidencia.
Evidencia de logro: el trabajo estará completo si permite observar una cadena causal entre reglas, actores y resultados; distingue poder estatal, empresarial y financiero; incorpora una dimensión internacional; y presenta una recomendación que reconozca al menos un costo o tensión real.
Reflexión final: después de reconstruir el mercado elegido, ¿qué decisión que inicialmente parecía puramente económica descubriste que dependía en realidad de una distribución previa de poder?
Referencias · APA 7
Aglietta, M. (1979). A theory of capitalist regulation: The US experience. Verso.
Bank for International Settlements. (2022). Triennial Central Bank Survey of foreign exchange and over-the-counter derivatives markets in 2022.
Boyer, R. (1990). The regulation school: A critical introduction. Columbia University Press.
Chang, H.-J. (2002). Kicking away the ladder: Development strategy in historical perspective. Anthem Press.
Epstein, G. A. (Ed.). (2005). Financialization and the world economy. Edward Elgar.
Evans, P. (1995). Embedded autonomy: States and industrial transformation. Princeton University Press.
Gilpin, R. (2001). Global political economy: Understanding the international economic order. Princeton University Press.
Krippner, G. R. (2011). Capitalizing on crisis: The political origins of the rise of finance. Harvard University Press.
Polanyi, K. (1944). The great transformation: The political and economic origins of our time. Farrar & Rinehart.
Prebisch, R. (1950). The economic development of Latin America and its principal problems. United Nations Economic Commission for Latin America.
Rodrik, D. (2011). The globalization paradox: Democracy and the future of the world economy. W. W. Norton.
Strange, S. (1988). States and markets. Pinter.