Una feria medieval podía tener comerciantes, precios, préstamos y ganancias. ¿Era ya capitalismo?
La pregunta parece sencilla hasta que descubrimos que mercados, dinero y comercio existieron miles de años antes de las fábricas modernas. El capitalismo no nació cuando alguien vendió algo por primera vez. Su historia implica una combinación específica de propiedad, trabajo asalariado, inversión, competencia, instituciones estatales, expansión comercial y acumulación. Comprender esa combinación permite discutir también sus crisis y sus posibles alternativas sin tratar el sistema como algo eterno o completamente homogéneo.
Objetivo didáctico
Al terminar esta ficha serás capaz de sintetizar y evaluar distintas interpretaciones sobre el surgimiento, funcionamiento, crisis y transformación del capitalismo para analizar críticamente instituciones económicas contemporáneas y comparar alternativas de organización económica sin reducir el debate a una oposición simple entre mercado y Estado.
Introducción
El capitalismo suele aparecer en las conversaciones públicas como si fuera una sola institución: “el mercado”. Históricamente es mucho más complejo. Puede haber mercados en sociedades no capitalistas, empresas públicas dentro de economías capitalistas, cooperativas que compiten en mercados y hogares que producen una enorme cantidad de trabajo fuera de ellos. El desafío consiste en identificar qué relaciones convierten a una economía en predominantemente capitalista.
Una definición operativa puede comenzar por cuatro rasgos: propiedad y control de activos productivos, producción de bienes y servicios principalmente para el intercambio, uso generalizado de trabajo asalariado y reinversión del excedente con el propósito de acumular capital. A estos elementos deben añadirse instituciones políticas y jurídicas capaces de definir propiedad, contratos, moneda, sociedades mercantiles, infraestructura y reglas de competencia.
🔷 Marco conceptual: capitalismo
Sistema histórico en el que la producción y la inversión están ampliamente organizadas mediante propiedad y control de capital, mercados, trabajo asalariado y búsqueda de excedentes reinvertibles. No existe una definición única aceptada por todas las escuelas: Marx, Weber, Schumpeter, Polanyi, Braudel y los institucionalistas seleccionan mecanismos distintos para explicar su dinámica.
Esta pluralidad importa porque cambia también la respuesta sobre sus orígenes. Para algunas interpretaciones, el capitalismo se consolidó cuando determinadas relaciones agrarias transformaron la producción en Inglaterra; otras destacan comercio mundial, finanzas, colonialismo y expansión atlántica; otras ponen el énfasis en instituciones, ciudades y empresas. Hablar de “el nacimiento” del capitalismo como un acontecimiento único suele ocultar procesos que duraron siglos.
También cambia la forma de pensar sus alternativas. Si capitalismo significa únicamente mercados, cualquier alternativa parecería requerir abolir todo intercambio. Si se define por quién posee los activos, quién toma decisiones, cómo se distribuye el excedente y qué bienes se mercantilizan, aparece un espacio mucho más amplio de posibilidades: cooperativas, empresas públicas, comunes, servicios universales, mercados regulados, propiedad social y nuevas formas de planificación pueden coexistir en combinaciones distintas.
Desarrollo del tema
Surgimiento del capitalismo: un proceso histórico, no una fecha de nacimiento
La Europa del siglo XVI ya estaba conectada con redes comerciales de enorme alcance, pero los historiadores discrepan sobre cuándo esas redes constituyeron capitalismo. Immanuel Wallerstein situó la formación de una economía-mundo capitalista europea aproximadamente desde el siglo XVI, articulada mediante relaciones desiguales entre centros y periferias. Robert Brenner respondió en 1976 que el comercio por sí mismo no explicaba la transformación: había que analizar las relaciones de propiedad y clase que obligaban a productores a competir sistemáticamente en el mercado (Wallerstein, 1974; Brenner, 1976).
América estuvo integrada desde muy temprano en esa transformación. La explotación de plata en Potosí se intensificó desde 1545 y Zacatecas fue descubierta para la minería colonial en 1546. Plata americana circuló hacia Europa y Asia, conectando trabajo forzado, fiscalidad imperial, minería, comercio y finanzas. Sin embargo, llamar “capitalista” a cada una de esas relaciones sería demasiado simple: coexistían coerción colonial, esclavitud, tributos, trabajo asalariado y producción mercantil.
La industrialización británica de los siglos XVIII y XIX añadió otra pieza. Máquinas, fábricas, energía fósil y concentración del trabajo elevaron la capacidad de producir mercancías, mientras trabajadores que no controlaban suficientes medios propios de subsistencia dependían crecientemente del salario. Karl Polanyi sostuvo en 1944 que convertir trabajo, tierra y dinero en si fueran mercancías ordinarias requirió una profunda construcción institucional; el mercado “autorregulado” no apareció espontáneamente fuera del Estado (Polanyi, 1944).
La consecuencia es metodológica: capitalismo debe investigarse como relación histórica, no como sinónimo de intercambio. Un tianguis mexicano donde pequeños productores venden directamente sus cosechas utiliza precios y dinero; una empresa multinacional financiada en bolsas internacionales también. Ambos participan en mercados, pero sus formas de propiedad, capacidad de acumulación, relaciones laborales y poder económico son radicalmente distintas.
Si comprar y vender no basta para definir capitalismo, ¿qué relación considera más decisiva para distinguirlo: propiedad del capital, dependencia del salario, competencia, búsqueda de ganancia o capacidad de reinvertir y acumular?
Acumulación por desposesión: cuando crear mercados transforma derechos previos
Marx dedicó en el primer volumen de El capital, publicado en 1867, una sección a la llamada “acumulación originaria”. Su argumento cuestionaba la historia según la cual capitalismo y riqueza habían surgido simplemente porque unas personas ahorraron mientras otras fueron imprudentes. La formación histórica de trabajadores asalariados y grandes propietarios incluyó cercamientos, expropiaciones, colonialismo y separación de productores respecto de tierras y medios de subsistencia (Marx, 1867/1976).
David Harvey retomó esa discusión en 2003 con la expresión acumulación por desposesión. Su propuesta fue polémica pero influyente: mecanismos semejantes no pertenecerían únicamente a la prehistoria del capitalismo, sino que podrían reaparecer mediante privatización, apropiación de bienes comunes, financiarización, endeudamiento o transformación de derechos sobre recursos en activos comerciables (Harvey, 2003).
La idea debe utilizarse con precisión. No toda privatización constituye automáticamente desposesión y no toda transformación de un derecho de propiedad produce el mismo efecto. La pregunta empírica es quién poseía o utilizaba un recurso antes, qué derecho cambió, quién controla después el activo y cómo se distribuyen beneficios y costos. Sin ese mecanismo, “desposesión” corre el riesgo de convertirse en una etiqueta política demasiado amplia.
Los datos sobre concentración tampoco prueban por sí solos la existencia de un proceso de desposesión, pero muestran por qué el tema continúa siendo relevante. El World Inequality Report 2022, utilizando datos principalmente de 2021, estimó que el 10% con mayor riqueza poseía alrededor del 76% de la riqueza mundial, mientras la mitad inferior poseía aproximadamente 2%. Explicar esa concentración exige distinguir herencia, rendimientos del capital, ahorro, precios de activos, instituciones fiscales y posibles procesos de apropiación o exclusión (Chancel et al., 2022).
Crisis y ciclos: ¿accidentes externos o dinámicas internas?
El capitalismo ha atravesado crisis muy diferentes: la depresión iniciada en 1873, la Gran Depresión después del colapso financiero de 1929, las crisis petroleras y de estanflación desde 1973, la crisis financiera global de 2008 y la contracción extraordinaria provocada por la pandemia en 2020. Su repetición no demuestra que todas tengan una misma causa. Precisamente por eso existen teorías rivales de la inestabilidad.
Marx relacionó las crisis con contradicciones de acumulación, rentabilidad, crédito y realización de mercancías. Keynes puso en primer plano la posibilidad de que inversión y demanda agregada permanecieran deprimidas. Joseph Schumpeter interpretó determinados ciclos como parte de procesos de innovación y “destrucción creativa”. Hyman Minsky, especialmente en Stabilizing an Unstable Economy de 1986, analizó cómo largos periodos de estabilidad pueden inducir a empresas y bancos a asumir estructuras financieras cada vez más frágiles.
La crisis de 2008 hizo especialmente visible esa lógica financiera: hipotecas, titulización, apalancamiento y mercados de crédito conectaron decisiones que parecían dispersas hasta producir una fragilidad sistémica. La crisis de 2020 recordó el límite de cualquier teoría que trate todas las recesiones como endógenas: una emergencia sanitaria externa puede interrumpir simultáneamente producción, movilidad y consumo. El análisis histórico necesita distinguir detonante y vulnerabilidad previa.
También existe una dimensión política. Después de una crisis cambian regulaciones, deuda pública, relaciones laborales, empresas supervivientes y distribución de activos. Una crisis no devuelve automáticamente la economía a su posición anterior. Puede acelerar concentración, innovación, reformas regulatorias o expansión del Estado. El ciclo, por tanto, no es una rueda que regresa exactamente al mismo lugar.
Economía solidaria: producir para el mercado sin entregar todo el poder al capital
Las alternativas económicas no comenzaron con el debate contemporáneo sobre “poscapitalismo”. La cooperativa de Rochdale, fundada en Inglaterra en 1844, se convirtió en un referente histórico del movimiento cooperativo moderno. Cooperativas de trabajadores, crédito, consumo y producción desarrollaron mecanismos en los que propiedad, voto y distribución de excedentes podían organizarse mediante reglas distintas de las sociedades controladas proporcionalmente por capital invertido.
En América Latina, cooperativas, cajas de ahorro, mutuales, empresas recuperadas, organizaciones comunitarias y asociaciones productivas forman parte de trayectorias muy diversas. La economía social y solidaria no equivale simplemente a pequeñas empresas con buenas intenciones. Su rasgo distintivo está en principios como cooperación, gobernanza democrática o participativa, autonomía y prioridad de las personas y del propósito social sobre la distribución del beneficio al capital.
La Organización Internacional del Trabajo adoptó en 2022 la primera definición tripartita internacional de economía social y solidaria. Esto permitió reunir bajo un marco común cooperativas, mutuales, asociaciones, fundaciones, empresas sociales y otras organizaciones que comparten determinados principios, sin exigir que todas adopten la misma forma jurídica. Un año después, el tema alcanzó también reconocimiento explícito en la Asamblea General de Naciones Unidas.
La economía solidaria no elimina automáticamente problemas de productividad, inversión, escala o desigualdad interna. Una cooperativa puede fracasar, reproducir jerarquías o competir en mercados que presionan sus condiciones laborales. Su interés analítico está en mostrar que la empresa no necesita organizar inevitablemente derechos políticos internos según la cantidad de capital poseído. Cambiar la arquitectura de propiedad puede modificar quién decide, quién recibe el excedente y qué objetivos se priorizan.
El 18 de abril de 2023 la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó, sin votación, la resolución A/RES/77/281 sobre promoción de la economía social y solidaria para el desarrollo sostenible. El hecho no prueba que estas organizaciones vayan a sustituir al capitalismo, pero muestra que dejaron de ser tratadas únicamente como experimentos locales y entraron en la agenda institucional internacional.
Poscapitalismos posibles: escenarios de transformación, no profecías
Hablar de poscapitalismo no describe un modelo consensuado. Algunas propuestas imaginan propiedad social y planificación democrática; otras expanden cooperativas y comunes sin abolir mercados; otras buscan reducir la dependencia de salarios mediante servicios universales o ingresos garantizados; y otras consideran que automatización, información digital y límites ecológicos podrían transformar las instituciones existentes. La pluralidad del término es una característica, no un detalle.
Elinor Ostrom mostró en 1990 que determinados recursos de uso común podían gestionarse mediante instituciones colectivas que no coincidían plenamente ni con privatización individual ni con administración estatal centralizada. Erik Olin Wright retomó posteriormente la idea de construir “utopías reales”: instituciones existentes capaces de ampliar democracia económica y reducir relaciones de dominación dentro de economías todavía capitalistas (Ostrom, 1990; Wright, 2010).
En esta perspectiva, una transición puede ser gradual y contradictoria. Una cooperativa utiliza mercados; un sistema público de salud compra insumos privados; una plataforma cooperativa depende de infraestructura digital comercial; una empresa pública puede funcionar con criterios de rentabilidad. Las economías reales son mezclas institucionales. La cuestión no es encontrar una frontera perfecta entre capitalismo y poscapitalismo, sino preguntar qué relaciones de propiedad, poder y mercantilización están aumentando o disminuyendo.
También existen desacuerdos sobre los objetivos. Un programa puede intentar regular y redistribuir sin sustituir la propiedad capitalista; otro puede desmercantilizar determinadas necesidades mediante provisión universal; otro puede democratizar propiedad y control trasladando decisiones a trabajadores, comunidades o instituciones públicas. Estas estrategias pueden complementarse o entrar en conflicto. Compararlas exige estudiar productividad, libertad, igualdad, sostenibilidad, innovación y capacidad política, no únicamente su intención normativa.
🧩 Clasifique la estrategia según su mecanismo principal
Conclusión
El objetivo de esta ficha era evaluar el capitalismo como construcción histórica y no como una categoría equivalente a cualquier mercado. Su surgimiento combinó transformaciones de propiedad, producción, trabajo, finanzas, comercio y poder estatal. Las interpretaciones de Wallerstein, Brenner, Marx y Polanyi discrepan sobre qué mecanismo fue decisivo, y esa controversia es parte del conocimiento histórico, no un problema que deba ocultarse.
El concepto de acumulación por desposesión muestra que la expansión de mercados puede reorganizar derechos previamente existentes; las teorías de crisis recuerdan que la acumulación puede producir tanto dinamismo como fragilidad; y la economía solidaria demuestra que propiedad empresarial, mercado y gobierno democrático pueden combinarse de maneras distintas. Ninguno de esos hechos permite concluir automáticamente que una sola alternativa sea superior en toda situación.
Los posibles poscapitalismos resultan más útiles cuando se estudian como escenarios institucionales concretos. ¿Quién posee? ¿Quién decide? ¿Qué se compra y vende? ¿Qué se garantiza como derecho? ¿Quién asume riesgos? ¿Cómo se financia la inversión? Preguntas como estas permiten comparar alternativas sin depender de etiquetas que suelen cargar significados políticos antes de comenzar el análisis.
🔭 Para seguir aprendiendo
- ¿Puede existir una economía ampliamente orientada al mercado donde la mayor parte del capital sea propiedad cooperativa, pública o comunitaria?
- ¿Qué actividades deberían permanecer fuera de la lógica de compraventa aunque otras continúen organizándose mediante mercados?
- ¿Cómo podrían automatización e inteligencia artificial modificar la relación entre propiedad del capital, empleo y distribución del ingreso?
Actividad de aprendizaje autónoma
Producto final: mapa institucional de una economía alternativa. Seleccione un sector cercano —vivienda, cuidados, alimentos, transporte, energía, servicios digitales, crédito o salud— y analice cómo está organizado actualmente. Después diseñe una modificación institucional concreta. El objetivo no es imaginar una utopía sin restricciones, sino identificar qué relación económica cambiaría y qué nuevos problemas podría crear.
- Describa quién posee actualmente los principales activos del sector seleccionado y quién toma las decisiones más importantes.
- Identifique qué elementos se asignan mediante mercado, provisión pública, hogar, cooperación o mecanismos comunitarios.
- Reconstruya un cambio histórico que haya configurado el sector: privatización, nacionalización, regulación, reforma de propiedad, innovación tecnológica u otra transformación.
- Evalúe si existe algún mecanismo que pueda analizarse mediante acumulación por desposesión. Si utiliza el concepto, especifique qué derecho o recurso cambió de manos; no lo use solo como etiqueta.
- Identifique una vulnerabilidad ante crisis: deuda, concentración, dependencia tecnológica, precios internacionales, desempleo u otra.
- Diseñe una alternativa basada en regulación, desmercantilización, propiedad cooperativa, propiedad pública, comunes u otra forma claramente definida.
- Explique dos ventajas y dos riesgos de su propuesta. Incluya al menos un problema de financiamiento, coordinación o escala.
- Cierre con una tesis de 250 a 300 palabras: ¿su propuesta transforma el capitalismo, lo regula o crea una institución parcialmente poscapitalista dentro de él? Justifique la clasificación.
Evidencia de logro: el mapa institucional debe identificar propiedad, mecanismos de asignación, una transformación histórica, un posible proceso de desposesión analizado con evidencia, una vulnerabilidad ante crisis, una alternativa institucional y una evaluación explícita de ventajas, riesgos y condiciones de viabilidad.
Criterio de calidad: el análisis será sólido cuando distinga mercados de capitalismo, concentración de desposesión y alternativa económica de simple intención moral. La propuesta debe especificar quién posee, quién decide, cómo se financia y cómo se distribuyen riesgos y excedentes.
Reflexión final: después de diseñar su alternativa, ¿qué institución que inicialmente parecía una característica inevitable de “la economía” descubrió que era en realidad una decisión histórica sobre propiedad, derechos o formas de coordinación?
Referencias bibliográficas — APA 7
- Brenner, R. (1976). Agrarian class structure and economic development in pre-industrial Europe. Past & Present, 70, 30–75.
- Chancel, L., Piketty, T., Saez, E., & Zucman, G. (Coords.). (2022). World inequality report 2022. World Inequality Lab.
- Gibson-Graham, J. K. (2006). A postcapitalist politics. University of Minnesota Press.
- Harvey, D. (2003). The new imperialism. Oxford University Press.
- International Labour Organization. (2022). Resolution concerning decent work and the social and solidarity economy. ILO.
- Marx, K. (1976). Capital: A critique of political economy. Volume 1 (B. Fowkes, Trans.). Penguin. (Trabajo original publicado en 1867).
- Minsky, H. P. (1986). Stabilizing an unstable economy. Yale University Press.
- Ostrom, E. (1990). Governing the commons: The evolution of institutions for collective action. Cambridge University Press.
- Polanyi, K. (1944). The great transformation. Farrar & Rinehart.
- Schumpeter, J. A. (1939). Business cycles: A theoretical, historical, and statistical analysis of the capitalist process. McGraw-Hill.
- United Nations General Assembly. (2023). Promoting the social and solidarity economy for sustainable development (A/RES/77/281).
- Wallerstein, I. (1974). The modern world-system I: Capitalist agriculture and the origins of the European world-economy in the sixteenth century. Academic Press.
- Wright, E. O. (2010). Envisioning real utopias. Verso.
- Wright, E. O. (2019). How to be an anticapitalist in the twenty-first century. Verso.