Una puerta puede parecer un elemento puramente arquitectónico hasta que se pregunta quién tiene llave. Una banca parece mobiliario hasta que su diseño determina quién puede permanecer en ella. Un barrio “renovado” puede parecer más atractivo hasta que sus habitantes originales ya no pueden pagarlo.
La arquitectura nunca organiza únicamente muros y cubiertas: distribuye acceso, recorridos, visibilidad, encuentro, memoria y exposición al clima. Esta ficha propone leer edificios y ciudades como construcciones culturales donde forma, poder e identidad se entrelazan.
Objetivo didáctico
Al terminar esta ficha serás capaz de sintetizar una lectura crítica de un edificio, espacio público o sector urbano, relacionando sus decisiones arquitectónicas con poder, participación democrática, desplazamiento, memoria colectiva y adaptación climática para argumentar qué identidades y formas de vida favorece, transforma o excluye.
Introducción
La arquitectura suele presentarse como respuesta técnica a problemas aparentemente neutros: alojar personas, conectar puntos, proteger del clima o conservar edificios. Sin embargo, cada respuesta distribuye recursos y posibilidades. Decidir dónde se construye vivienda, cuánto espacio se reserva al automóvil, qué actividades se permiten en una plaza o qué edificio merece restauración modifica la manera en que una sociedad se organiza.
Henri Lefebvre llevó esta intuición mucho más lejos al argumentar que el espacio no es un contenedor pasivo donde ocurre la sociedad, sino una producción social. Su obra La producción del espacio, publicada originalmente en 1974, permite entender calles, conjuntos habitacionales, centros históricos y periferias como resultados de relaciones económicas, políticas y culturales, no solo de decisiones formales (Lefebvre, 1974/1991).
🔷 Marco conceptual: identidad espacial
La identidad de un lugar no reside únicamente en su estilo arquitectónico. Surge de la relación entre formas construidas, prácticas cotidianas, memorias, conflictos, significados compartidos y condiciones ambientales. Un mismo edificio puede ser simultáneamente vivienda, patrimonio, símbolo estatal, escenario de protesta y recuerdo familiar.
Esta perspectiva evita dos reducciones. La primera consiste en pensar que la arquitectura determina mecánicamente el comportamiento: una plaza abierta no produce democracia por sí sola. La segunda consiste en afirmar que la forma espacial no importa: una plaza sin sombra, transporte accesible o condiciones para permanecer difícilmente sostendrá la misma vida pública que otra diseñada para recibir diversidad de cuerpos y actividades.
También obliga a mirar la ciudad como proceso. Un barrio puede conservar prácticamente los mismos edificios y cambiar radicalmente de identidad si cambian sus habitantes, comercios, precios y usos. Otro puede perder estructuras históricas y conservar prácticas sociales que mantienen viva cierta memoria. Arquitectura e identidad se transforman juntas, pero nunca al mismo ritmo.
Desarrollo del tema
Arquitectura como política: construir también es distribuir posibilidades
Un proyecto arquitectónico decide quién entra, dónde espera, cuánto camina, qué observa, qué comparte y de qué recursos depende. Estas decisiones pueden ser explícitamente políticas —como un conjunto de vivienda pública— o parecer puramente funcionales —como la ubicación de un acceso—, pero siempre organizan relaciones entre cuerpos, instituciones y territorio. Lefebvre (1974/1991) describió esta dimensión al tratar el espacio como producto social y no como una superficie neutral.
Nonoalco-Tlatelolco permite observarlo con claridad. El conjunto diseñado por Mario Pani fue inaugurado en 1964 y llegó a reunir 102 edificios proyectados para alojar a más de 70,000 habitantes. Incluía escuelas, comercios, servicios y grandes áreas abiertas. No era solamente una colección de edificios: proponía una idea de modernidad, densidad, movilidad y convivencia social promovida desde el Estado mexicano (Gaceta UNAM, 2024).
🏙️ Un plano también contiene una teoría social
Tlatelolco separó buena parte de la circulación peatonal del automóvil, concentró vivienda vertical y distribuyó equipamientos dentro del conjunto. Cada decisión expresaba una respuesta concreta a una pregunta política: cómo debía vivir una población urbana creciente en la Ciudad de México de mediados del siglo XX.
La historia detrás ayuda a comprender el cambio conceptual. En 1968, Lefebvre publicó El derecho a la ciudad; seis años después desarrolló La producción del espacio. Su argumento desplazó la discusión desde quién posee edificios hacia quién tiene capacidad efectiva para producir, apropiarse y transformar los espacios de la vida cotidiana. Esa pregunta sigue siendo central en conflictos contemporáneos sobre vivienda, movilidad y espacio público.
Leer políticamente la arquitectura no significa atribuir una ideología secreta a cada fachada. Significa preguntar por consecuencias verificables. Una entrada accesible modifica quién puede usar un edificio; una reja transforma un recorrido previamente abierto; una centralización de servicios aumenta o reduce distancias. La vida cotidiana convierte decisiones aparentemente pequeñas en experiencias recurrentes de inclusión, dependencia o autonomía.
Espacio público y democracia: estar juntos no significa participar en igualdad
El espacio público funciona simultáneamente como infraestructura, territorio de movilidad y lugar de encuentro. Calles, banquetas, parques, mercados y plazas permiten actividades que difícilmente podrían realizarse si todo el suelo urbano fuera privado. El Objetivo de Desarrollo Sostenible 11.7 plantea precisamente el acceso universal a espacios públicos seguros, inclusivos y accesibles, con atención particular a mujeres, infancia, personas mayores y personas con discapacidad.
UN-Habitat propone como referencia que alrededor de 45% del suelo urbano pueda destinarse a espacio público: aproximadamente 30% para calles y banquetas y 15% para espacios públicos abiertos. El porcentaje, sin embargo, no garantiza democracia. Una ciudad puede tener gran cantidad de superficie pública y distribuirla de manera desigual, hacerla inaccesible o diseñarla principalmente para circular en lugar de permanecer (UN-Habitat, 2020).
La democracia espacial requiere más que acceso formal. Importan sombra, iluminación, mobiliario, continuidad peatonal, transporte, baños, seguridad, accesibilidad universal y posibilidad de reunirse sin tener que consumir. Cada una de estas condiciones cambia quién puede permanecer durante una hora, quién atraviesa rápidamente y quién evita el lugar.
Observe una plaza mexicana al mediodía. Si existen treinta bancas pero ninguna tiene sombra, su capacidad real de acoger a personas mayores durante la temporada cálida será distinta de la que su plano sugiere. La pregunta democrática es concreta: ¿quién puede utilizar efectivamente este espacio, durante cuánto tiempo y para hacer qué?
Gentrificación y desplazamiento: cuando mejorar un lugar cambia quién puede permanecer
El término gentrification fue acuñado por Ruth Glass en 1964 para describir transformaciones sociales de barrios londinenses. Desde entonces el concepto se ha ampliado y disputado. No designa simplemente la aparición de cafeterías, ciclovías o edificios rehabilitados: implica transformaciones de inversión, valor inmobiliario y composición social que pueden producir distintas formas de desplazamiento.
En Ciudad de México, la discusión posee características propias. Investigaciones recientes han estudiado relaciones entre renovación, arquitectura, consumo, capital y desplazamiento, además de términos locales como blanqueamiento utilizados por algunos residentes para interpretar cambios en colonias centrales. Gerlofs y López-Morales vinculan estas discusiones con pertenencia, estética urbana y desplazamiento; Linz analizó además cómo el terremoto de 2017 se cruzó con procesos previos de gentrificación en la ciudad (Gerlofs & López-Morales, 2025; Linz, 2021).
Seleccione una situación y después la categoría que mejor describe la evidencia disponible.
Esta distinción es importante porque la gentrificación puede convertirse en una etiqueta que sustituye al análisis. Una fachada restaurada no demuestra expulsión; una nueva ciclovía tampoco. Pero cuando inversión, incrementos de costo, cambio de usos y pérdida de capacidad de permanencia se conectan sistemáticamente, la transformación urbana adquiere una dimensión distributiva.
La pregunta ciudadana adecuada no es “¿debemos impedir que un barrio mejore?”. Es más exigente: ¿cómo puede mejorar sin convertir la mejora en un mecanismo de expulsión? Políticas de vivienda asequible, protección de arrendatarios, propiedad social, regulación del suelo y permanencia de comercio local intentan responder a esa tensión desde distintos enfoques.
Patrimonio y memoria: conservar también significa seleccionar
El patrimonio suele parecer una categoría objetiva: ciertos edificios serían valiosos y por ello se conservan. Sin embargo, cada declaratoria implica procesos de selección, valoración e institucionalización. Laurajane Smith (2006) mostró que el patrimonio no es únicamente una colección de objetos heredados, sino una práctica cultural mediante la cual las sociedades producen significados sobre el pasado.
El Centro Histórico de Ciudad de México y Xochimilco fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial en 1987. La propiedad reconocida por UNESCO abarca 3,010.86 hectáreas y reúne capas prehispánicas, coloniales, modernas y paisajes culturales. UNESCO señala además que su integridad enfrenta presiones de desarrollo, cambios de uso del suelo, abandono y contaminación. Conservar no significa congelar un escenario: exige gobernar transformaciones presentes.
El problema aparece cuando memoria y conservación se confunden. Una fachada puede preservarse mientras desaparecen los habitantes, oficios y relaciones que le daban significado. También ocurre lo contrario: una comunidad puede mantener una práctica cultural importante en un entorno profundamente transformado. El patrimonio material y la memoria social se cruzan, pero no son idénticos.
Una lectura crítica del patrimonio pregunta qué historias aparecen en placas, recorridos y presupuestos de restauración, pero también cuáles permanecen ausentes. Conservar un palacio, una fábrica, una vecindad o un paisaje agrícola produce narrativas diferentes sobre quién construyó la ciudad y qué vidas merecen ser recordadas.
Arquitectura vernácula y bioclimática: aprender del lugar sin convertirlo en folklore
La arquitectura vernácula surge de conocimientos acumulados sobre materiales, clima, disponibilidad de recursos, técnicas y formas locales de habitar. No constituye un estilo único ni una categoría estática. En México aparecen soluciones tan distintas como muros de adobe de alta masa térmica, cubiertas adecuadas a regiones lluviosas, patios, corredores, postigos, orientaciones específicas y sistemas ligeros como el bajareque.
Estos conocimientos pueden estudiarse mediante desempeño, no solo mediante nostalgia. Carrazco Cota y Morillón Gálvez analizaron en 2004 vivienda del noroeste mexicano y utilizaron principios derivados de arquitectura vernácula para adecuar vivienda de interés social. En su simulación para la temporada cálida, la temperatura promedio pasó de aproximadamente 33 °C a 27 °C mediante estrategias como resistencia térmica, postigos, altura de losa y orientación.
💫 El dato que cambia todo: los edificios consumen alrededor de 32% de la energía mundial y generan 34% de las emisiones globales de CO₂.
El Global Status Report for Buildings and Construction 2024–2025 muestra que materiales como cemento y acero representan además una parte sustancial de las emisiones del sector. Diseñar la relación entre clima, forma y materiales es una cuestión ambiental de escala planetaria (UNEP & GlobalABC, 2025).
Sin embargo, “vernáculo” no significa automáticamente sostenible. Algunas técnicas dependen de recursos hoy escasos, cargas de mantenimiento difíciles o condiciones sociales que cambiaron. Tampoco sería responsable copiar una casa de clima seco en una costa húmeda solo porque parece tradicional. El aprendizaje consiste en identificar el principio ambiental detrás de la forma y comprobar si sigue funcionando bajo las condiciones actuales.
Estudios más recientes continúan investigando estas relaciones. Soto y colaboradores evaluaron en 2022 seis estructuras en tres zonas climáticas de Querétaro, cinco de ellas con materiales alternativos o vernáculos, utilizando temperatura, humedad y termografía. La arquitectura tradicional deja así de ser únicamente objeto patrimonial y se convierte también en una fuente de hipótesis verificables sobre desempeño ambiental.
Conclusión
El objetivo de esta ficha era aprender a leer arquitectura y urbanismo como parte de la construcción de identidad. Desde esa perspectiva, un edificio deja de ser únicamente un objeto formal: organiza posibilidades de acceso; una plaza se vuelve infraestructura de convivencia; la renovación urbana plantea conflictos sobre permanencia; el patrimonio selecciona memorias; y la arquitectura bioclimática conecta cultura material con límites ambientales.
Las cinco dimensiones también se contradicen entre sí. Conservar patrimonio puede elevar el atractivo inmobiliario y aumentar presión de desplazamiento. Abrir espacio público puede mejorar accesibilidad y, al mismo tiempo, elevar valor del suelo. Incorporar técnicas vernáculas puede disminuir consumo energético, pero convertirse en una estética comercial desconectada de las comunidades que produjeron esos saberes. La lectura avanzada comienza precisamente cuando esas tensiones dejan de ocultarse.
La identidad urbana no se diseña completamente desde un estudio de arquitectura ni surge espontáneamente desde “la comunidad”. Se negocia cada día entre normas, inversiones, formas físicas, clima, memoria y prácticas sociales. La ciudad permanece siempre parcialmente abierta: puede reforzar desigualdades heredadas o construir nuevas posibilidades de convivencia.
🔭 Para seguir aprendiendo
Esta ficha abre más preguntas de las que cierra. Aquí algunas para explorar:
- ¿Puede existir una estrategia de conservación patrimonial que proteja simultáneamente edificios y derecho de permanencia de sus habitantes?
- ¿Qué características tendría un espacio público verdaderamente democrático en una ciudad marcada por diferencias de género, edad, ingreso y movilidad?
- ¿Qué conocimientos ambientales de la arquitectura tradicional de su región podrían traducirse a vivienda contemporánea sin convertirlos en simple decoración?
Actividad de aprendizaje autónoma
Producto final: atlas crítico de un lugar en cinco capas. Seleccione un edificio, plaza, mercado, conjunto habitacional, calle o fragmento de barrio que pueda observar directamente. El objetivo es producir una lectura espacial argumentada, no una reseña de arquitectura.
- Delimite el lugar. Dibuje un croquis sencillo e identifique accesos, bordes, rutas principales, espacios de permanencia y relaciones con el entorno inmediato.
- Analice la capa política: describa tres decisiones físicas que distribuyan acceso, visibilidad, movilidad o control. Indique quién se beneficia y quién encuentra mayor dificultad.
- Analice la capa democrática: observe durante al menos 20 minutos quién usa el espacio, qué actividades ocurren, quién permanece y qué condiciones físicas favorecen o dificultan el encuentro.
- Analice la capa de permanencia: busque señales de cambio de usos, precios, vivienda, comercio o población. Distinga cuidadosamente entre transformación visible y evidencia real de desplazamiento.
- Analice memoria y patrimonio: identifique qué historias aparecen explícitamente en edificios, placas, nombres, monumentos o prácticas y qué memorias importantes parecen ausentes.
- Analice la capa climática: registre sombra, orientación, vegetación, ventilación, materiales y exposición a lluvia o calor. Identifique al menos una estrategia pasiva existente y una oportunidad de mejora.
- Proponga una intervención de pequeña escala. Debe mejorar una dimensión sin deteriorar las otras cuatro. Explique además qué efecto no deseado podría producir y cómo intentaría detectarlo.
- Redacte una conclusión de 300 a 400 palabras que responda: “¿Qué identidad produce este lugar y quién tiene capacidad real para transformarla?”.
Complete estas relaciones conceptuales antes de redactar la conclusión. Las respuestas requieren identificar la lógica que conecta las cinco capas del atlas.
Complete las cuatro afirmaciones.
1. Cuando entendemos que el espacio es resultado de relaciones sociales y no un recipiente neutral, hablamos de .
2. Cuando una transformación urbana dificulta que hogares semejantes a los antiguos residentes puedan acceder al barrio, puede existir .
3. Cuando una política de conservación privilegia unas historias y vuelve otras menos visibles, está realizando una de la memoria.
4. Cuando la forma del edificio aprovecha orientación, sombra, ventilación o masa térmica antes de recurrir a sistemas mecánicos, utiliza .
Evidencia de logro: el atlas debe contener un croquis, observaciones directas, cinco capas analíticas, al menos tres datos verificables del lugar y una propuesta que identifique tanto beneficios como posibles efectos adversos.
Criterio de éxito: el análisis será sólido cuando pueda demostrar que una decisión arquitectónica aparentemente formal —una reja, una sombra, un cambio de uso, una restauración o un material— participa simultáneamente en relaciones sociales, culturales o ambientales más amplias.
Reflexión final: después de observar el lugar con estas cinco capas, ¿qué elemento que antes parecía puramente “arquitectónico” comenzó a parecerle una decisión sobre quién tiene derecho a habitar, recordar o transformar ese espacio?
Referencias · APA 7
Carrazco Cota, C., & Morillón Gálvez, D. (2004). Adecuación bioclimática de la vivienda de interés social del noroeste de México con base al análisis térmico de la arquitectura vernácula. Avances en Energías Renovables y Medio Ambiente, 8(1).
Gerlofs, B. A., & López-Morales, E. (2025). ¿Quién es gentrificación (‘who is gentrificación’)? Urban change, conceptual chimerae, and the challenge of blanqueamiento (‘whitening’) in Mexico City. Dialogues in Urban Research, 3(1). https://doi.org/10.1177/27541258231204004
Lefebvre, H. (1991). The production of space (D. Nicholson-Smith, Trans.). Blackwell. (Original work published 1974).
Linz, J. (2021). Where crises converge: The affective register of displacement in Mexico City’s post-earthquake gentrification. Cultural Geographies, 28(2). https://doi.org/10.1177/1474474021993418
Smith, L. (2006). Uses of heritage. Routledge.
Soto, F. R. C., Bueno, J. de J. P., Mendoza López, M. L., Chavela, M. H., Ramos, M. E. P., & Manzano-Ramírez, A. (2022). Hydrothermal evaluation of vernacular housing: Comparing case studies of waste PET bottles, stone, and adobe houses. Buildings, 12(8), 1162. https://doi.org/10.3390/buildings12081162
United Nations Environment Programme, & Global Alliance for Buildings and Construction. (2025). Global status report for buildings and construction 2024–2025: Not just another brick in the wall. United Nations Environment Programme.
United Nations Human Settlements Programme. (2020). City-wide public space strategies: A guidebook for city leaders. UN-Habitat.
UNESCO World Heritage Centre. (2026). Historic Centre of Mexico City and Xochimilco. UNESCO.