Ficha🟣 Avanzado

Historia del pensamiento económico

🟣 Nivel Avanzado  ·  Socio-Históricas

Las grandes disputas económicas no comenzaron preguntando cuánto crecerá el PIB. Comenzaron preguntando qué produce riqueza, quién la recibe, por qué aparecen las crisis y qué puede —o debe— hacer el Estado.

Adam Smith escribió antes de que existieran los bancos centrales modernos; Keynes pensó bajo el impacto de una depresión mundial; el Consenso de Washington nació tras la crisis latinoamericana de deuda; y la economía feminista preguntó por qué una enorme cantidad de trabajo indispensable desaparecía de las cuentas económicas. Seguir esta historia permite descubrir algo incómodo: muchas políticas actuales contienen debates intelectuales de hace décadas o siglos.

Qué lograrás

Objetivo didáctico

Al terminar esta ficha serás capaz de sintetizar y contrastar las principales transformaciones del pensamiento económico desde Adam Smith hasta los debates contemporáneos, identificando cómo distintas escuelas interpretan el mercado, las crisis, el dinero, el Estado, la estructura productiva y el trabajo de cuidados para evaluar problemas económicos de México y América Latina.

Punto de partida

Introducción

La historia del pensamiento económico no es una sucesión ordenada de teorías donde una versión nueva elimina a la anterior. Se parece más a una conversación que cambia de escenario. Cuando cambia el tipo de economía —industrialización, crisis bancaria, inflación, globalización financiera, transformación tecnológica o incorporación masiva de las mujeres al empleo remunerado— también cambian las preguntas que parecen urgentes.

Por eso Smith, Marx, Keynes, Hayek, Prebisch, Joan Robinson, Hyman Minsky o las economistas feministas no estaban simplemente proponiendo fórmulas diferentes para un mismo problema. Con frecuencia discutían qué debía considerarse un problema económico. ¿La coordinación mediante precios? ¿La distribución entre clases? ¿El desempleo involuntario? ¿La dependencia de economías periféricas? ¿La inestabilidad financiera? ¿El trabajo no remunerado que sostiene a los hogares?

💡 Paradigma económico
Conjunto de supuestos, conceptos y métodos que orientan qué preguntas se consideran relevantes, qué mecanismos se utilizan para explicarlas y qué evidencia se acepta para evaluarlas. Dos escuelas pueden observar el mismo desempleo o la misma inflación y atribuirlos a mecanismos distintos.

Esta distinción ayuda a evitar dos errores. El primero es presentar la historia como una lucha entre una “economía correcta” y teorías equivocadas. El segundo es suponer que todas las escuelas son equivalentes. Sus hipótesis deben contrastarse con evidencia y consistencia lógica, pero también conviene reconocer que seleccionan variables y escalas diferentes. Una teoría diseñada para explicar formación de precios no necesariamente responde por sí sola cómo se distribuye el trabajo de cuidados.

En América Latina esta pluralidad adquiere un significado adicional. La región no fue solo receptora de doctrinas producidas en Europa o Estados Unidos. El estructuralismo latinoamericano construido alrededor de la CEPAL desarrolló desde mediados del siglo XX una interpretación propia de industrialización, heterogeneidad productiva y relaciones centro-periferia. Ese legado continúa dialogando —y chocando— con perspectivas convencionales, post-keynesianas, monetarias, institucionalistas y feministas.

El contenido

Desarrollo del tema

01

De Smith a Keynes: de la riqueza de las naciones a la demanda efectiva

Adam Smith publicó La riqueza de las naciones en 1776, pero su pensamiento económico no puede reducirse al eslogan de “dejar hacer al mercado”. Ya había publicado La teoría de los sentimientos morales en 1759, y su análisis combinaba interés individual, normas sociales, división del trabajo, instituciones, justicia y funciones públicas. Su blanco inmediato era el mercantilismo: el sistema de privilegios, monopolios y restricciones mediante el cual los Estados europeos intentaban acumular metales preciosos y controlar el comercio.

La economía clásica amplió después la pregunta distributiva. David Ricardo, en 1817, colocó en primer plano la distribución entre salarios, beneficios y rentas; Karl Marx, cuyo primer volumen de El capital apareció en 1867, reinterpretó producción y distribución como relaciones sociales entre clases. La llamada revolución marginalista de la década de 1870 —asociada a William Stanley Jevons, Carl Menger y Léon Walras— trasladó parte del análisis hacia decisiones individuales, utilidad marginal y equilibrio.

Toca un hito para leer más.

La ruptura decisiva llegó con John Maynard Keynes. La Teoría general del empleo, el interés y el dinero apareció en 1936, cuando la Gran Depresión había mostrado que desempleo masivo y capacidad productiva ociosa podían persistir durante años. Keynes cuestionó la idea de que la flexibilidad de precios y salarios garantizara automáticamente el regreso al pleno empleo. Expectativas inciertas, inversión débil y caída del gasto podían mantener deprimida la demanda agregada.

La historia detrás de esta transformación es inseparable del contexto. Entre 1929 y 1933 la economía estadounidense sufrió una contracción extraordinaria y el desempleo alcanzó niveles masivos; Europa vivió su propia crisis. Keynes no escribía sobre un experimento abstracto: intentaba comprender por qué millones de personas dispuestas a trabajar podían seguir desempleadas aun cuando fábricas y maquinaria permanecían sin utilizar.

La conexión con la vida contemporánea aparece cada vez que una recesión destruye empleos. Para una familia mexicana que reduce consumo después de que uno de sus integrantes pierde el trabajo, esa decisión es prudente individualmente. Si millones de hogares actúan igual, la caída colectiva del gasto puede reducir ventas empresariales y provocar nuevos despidos. La conducta racional de cada hogar puede producir un resultado agregado que ninguno deseaba: una intuición profundamente keynesiana.

02

Neoliberalismo y Consenso de Washington: una etiqueta más amplia que una lista

Durante las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, muchas economías combinaron mercados con Estados de bienestar, regulación financiera, empresas públicas y políticas industriales. Las crisis de estanflación de los años setenta, junto con los trabajos de Friedrich Hayek y Milton Friedman y los cambios políticos asociados a Margaret Thatcher y Ronald Reagan, impulsaron una revaloración de competencia, disciplina monetaria, privatización y menor intervención estatal. Desde la década de 1980, este giro suele denominarse neoliberal, aunque la etiqueta agrupa corrientes y políticas que no siempre coinciden.

En América Latina el punto de inflexión fue además la crisis de deuda de los años ochenta. En 1989 John Williamson acuñó la expresión Consenso de Washington para resumir reformas que, según él, habían alcanzado amplio respaldo entre especialistas e instituciones con sede en Washington para responder a problemas macroeconómicos latinoamericanos. Su lista incluía disciplina fiscal, reorientación del gasto, reforma tributaria, liberalización comercial, privatización, desregulación y protección de derechos de propiedad, entre otras medidas.

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💫 El dato que cambia todo

La formulación original de Williamson no incluía la liberalización integral de la cuenta de capital. Años después insistió en que su lista de diez reformas fue convertida en sinónimo de una agenda neoliberal más extensa que la que él había descrito en 1989. Distinguir el documento histórico de sus reinterpretaciones evita discutir contra una versión que nunca fue exactamente la original.

Esta precisión histórica no elimina la controversia. Privatizaciones mal diseñadas pueden transferir monopolios públicos a privados; apertura comercial puede aumentar productividad en ciertos sectores y destruir capacidades en otros; disciplina fiscal puede contener inflación pero también profundizar una recesión si se aplica en el momento equivocado. En 2016, economistas del propio Fondo Monetario Internacional revisaron críticamente dos componentes asociados a la agenda neoliberal —liberalización de la cuenta de capital y consolidación fiscal— y señalaron que sus beneficios de crecimiento habían sido sobreestimados en determinados contextos mientras sus costos distributivos podían ser importantes.

Para América Latina la pregunta relevante no es si “el mercado” o “el Estado” ganaron una discusión teórica. Es qué combinación institucional produjo productividad, estabilidad, capacidad fiscal, competencia y bienestar bajo condiciones concretas. México, por ejemplo, atravesó desde los años ochenta privatizaciones, apertura comercial, reformas financieras y una integración creciente con América del Norte. Evaluar ese proceso exige separar los efectos de cada política de shocks externos, crisis cambiarias, transformaciones tecnológicas y cambios demográficos.

En la vida diaria esas decisiones aparecen detrás de cuestiones aparentemente lejanas a la teoría: tarifas, crédito, empleo industrial, competencia entre empresas, impuestos, subsidios, calidad de servicios y vulnerabilidad ante movimientos financieros internacionales. Una doctrina económica se vuelve histórica precisamente cuando deja de ser solo un texto y se convierte en instituciones que organizan oportunidades reales.

03

Economías heterodoxas: cuando cambia la pregunta, cambia también la teoría

Heterodoxia económica no designa una teoría única. Es un conjunto de tradiciones que cuestionan supuestos centrales de la economía convencional o amplían su objeto de estudio. Incluye, entre otras, corrientes marxistas, institucionalistas, post-keynesianas, estructuralistas, ecológicas y feministas. Algunas discrepan entre sí de manera considerable. Lo que comparten no es una receta, sino la negativa a reducir todos los fenómenos económicos a individuos optimizadores coordinados mediante mercados competitivos.

América Latina produjo una de sus contribuciones más influyentes. La CEPAL fue creada en 1948 y Raúl Prebisch formuló en 1949 una interpretación centro-periferia que cuestionaba la idea de que especializarse según ventajas comparativas garantizara convergencia entre países. El problema no era simplemente comerciar poco, sino la estructura productiva: economías periféricas especializadas en productos primarios podían enfrentar menor difusión tecnológica, heterogeneidad de productividad y restricciones externas persistentes.

Celso Furtado, Aníbal Pinto y Osvaldo Sunkel desarrollaron posteriormente esa tradición. El estructuralismo latinoamericano convirtió la industrialización, el cambio tecnológico y la transformación productiva en problemas centrales de desarrollo. Su pregunta no era únicamente cómo asignar eficientemente los recursos existentes, sino cómo cambiar la estructura que genera esos recursos y capacidades.

🧩 Identifique el marco

Toca una afirmación y después la tradición que mejor representa su pregunta central.

El ejemplo cotidiano más claro de una mirada estructural aparece cuando una persona adquiere nuevas habilidades pero descubre que la economía local genera pocos empleos capaces de utilizarlas. Una explicación exclusivamente individual puede recomendar más capacitación; una explicación estructural pregunta también qué sectores existen, cuánto invierten, qué tecnología utilizan, qué vínculos productivos mantienen y dónde se concentra el valor agregado.

Eso no convierte automáticamente a una perspectiva heterodoxa en superior. Su fortaleza depende de si identifica mecanismos verificables y produce explicaciones mejores. El pluralismo riguroso no significa aceptar cualquier teoría: significa comparar marcos atendiendo a sus supuestos, evidencia, capacidad explicativa y puntos ciegos.

04

Post-keynesianismo y MMT: dinero, incertidumbre y soberanía monetaria

El post-keynesianismo conserva elementos de Keynes que fueron atenuados en diversas síntesis posteriores: incertidumbre fundamental, demanda efectiva, importancia histórica del tiempo, distribución del ingreso e instituciones monetarias. Economistas como Joan Robinson, Nicholas Kaldor, Hyman Minsky y, posteriormente, Wynne Godley desarrollaron líneas diferentes dentro de esta tradición. Mark Lavoie ha destacado que el dinero endógeno constituye una de sus ideas centrales: en sistemas bancarios modernos, la expansión del crédito no depende mecánicamente de que exista previamente una cantidad fija de ahorro o reservas.

Esta afirmación, que durante décadas fue heterodoxa, encuentra hoy paralelos incluso en explicaciones de bancos centrales sobre creación monetaria: cuando una institución bancaria concede un préstamo crea simultáneamente un depósito, aunque regulación, capital, riesgo, demanda de crédito y política monetaria condicionan el proceso. El dinero, desde esta perspectiva, no es simplemente una mercancía neutral colocada encima de una economía “real”. Crédito y finanzas pueden modificar producción, empleo y crisis.

La Modern Monetary Theory (MMT) se desarrolló desde la década de 1990 combinando elementos post-keynesianos, chartalistas, la financiación funcional de Abba Lerner, los balances sectoriales de Godley y aportaciones de Minsky. Autores como L. Randall Wray y Stephanie Kelton enfatizan que un gobierno que emite una moneda soberana, recauda impuestos en ella y no promete convertirla a una cantidad fija de otra moneda enfrenta restricciones financieras diferentes de las de un hogar o una empresa. El límite relevante no sería simplemente “quedarse sin dinero”, sino la disponibilidad de recursos reales y las presiones inflacionarias.

⚠️ MMT no significa “el Estado puede gastar sin límites”
La afirmación fuerte de MMT se refiere a gobiernos con determinadas características de soberanía monetaria. Incluso sus defensores reconocen límites reales como capacidad productiva e inflación. Para economías periféricas el debate es más complejo: deuda en moneda extranjera, dependencia de importaciones, movilidad de capitales, depreciación cambiaria y jerarquía internacional de monedas pueden restringir considerablemente el espacio de política.

Esta última discusión importa especialmente para América Latina. Vergnhanini y De Conti analizaron en 2017-2018 las limitaciones de aplicar conclusiones de MMT a países periféricos, argumentando que una moneda nacional puede ser soberana jurídicamente y, sin embargo, ocupar una posición subordinada en el sistema monetario internacional. Un país que necesita dólares para importaciones estratégicas o para cubrir obligaciones externas enfrenta restricciones que no desaparecen porque su gobierno pueda emitir moneda doméstica.

México ilustra esa tensión. El Estado mexicano emite pesos, pero petróleo, comercio exterior, flujos financieros, tasas internacionales y el tipo de cambio frente al dólar afectan costos internos y decisiones de política. Una depreciación puede estimular ciertas exportaciones y simultáneamente encarecer importaciones e insumos. La soberanía monetaria, por tanto, no funciona como un interruptor de “sí” o “no”; su alcance depende de instituciones y posición externa.

El aporte más útil del debate no consiste en aceptar o rechazar MMT como paquete. Obliga a formular preguntas institucionales precisas: ¿quién emite la moneda?, ¿en qué moneda está denominada la deuda?, ¿qué recursos físicos están disponibles?, ¿qué dependencia existe de importaciones?, ¿qué ocurre con el tipo de cambio? Preguntas de este tipo son más informativas que comparar directamente el presupuesto de un Estado con la tarjeta de crédito de una familia.

05

Economía feminista: ¿qué ocurre cuando contamos lo que la economía había dejado fuera?

La economía feminista no consiste simplemente en estudiar “la situación económica de las mujeres”. Cuestiona categorías fundamentales de la disciplina: qué se considera trabajo, cómo se define bienestar, qué actividades quedan dentro de la frontera de producción y cómo se distribuyen tiempo, recursos y poder dentro de los hogares. En 1988, Marilyn Waring publicó If Women Counted, una crítica influyente a los sistemas de cuentas nacionales que invisibilizaban gran parte del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.

La pregunta cambió el objeto económico. Cocinar en un restaurante entra en el cálculo monetario; cocinar para la propia familia normalmente no. Cuidar a una persona mediante un servicio contratado genera una transacción observada por las cuentas nacionales; realizar cuidados similares sin remuneración dentro de un hogar no se registra de la misma manera en el PIB. La actividad puede ser indispensable en ambos casos, pero la frontera estadística la clasifica de forma distinta.

México permite observar la magnitud de esa diferencia con datos actuales. La Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares del INEGI estimó que en 2024 las labores domésticas y de cuidados no remuneradas tuvieron un valor económico de aproximadamente 8 billones de pesos, equivalente al 23.9% del PIB. Las mujeres aportaron el 72.6% de ese valor. Es decir, una parte gigantesca de la actividad que sostiene diariamente a hogares y trabajadores aparece con claridad solo cuando se construyen instrumentos estadísticos capaces de verla.

El cambio conceptual tiene consecuencias prácticas. Si una política reduce servicios públicos de cuidado y presupone que las familias absorberán el trabajo adicional, el costo no desaparece: cambia de lugar. Puede reaparecer como menor participación laboral, jornadas totales más largas, menos tiempo de descanso o dependencia económica. Una contabilidad concentrada únicamente en transacciones monetarias puede no captar esa transferencia.

La economía feminista también cuestiona la idea de un hogar tratado como si fuera una sola persona que maximiza una utilidad común. Dentro del hogar existen negociaciones, diferencias de ingreso, normas sociales y relaciones de poder. Amartya Sen, Nancy Folbre, Diane Elson y otras autoras ayudaron a desplazar el análisis hacia capacidades, negociación intrahogar, reproducción social y economía del cuidado.

En este punto la historia del pensamiento económico completa un círculo inesperado. Smith preguntaba cómo una sociedad produce riqueza; la economía feminista obliga a preguntar qué actividades hacen posible producirla antes de que una persona llegue a una fábrica, oficina, hospital o escuela. Preparar alimentos, cuidar niños, acompañar personas mayores y sostener hogares no son actividades exteriores a la economía: son parte de la infraestructura social que permite que la economía monetaria funcione.

Cierre

Conclusión

La historia del pensamiento económico puede leerse como una sucesión de desplazamientos en la pregunta central. Smith analizó productividad, intercambio e instituciones; Ricardo y Marx hicieron visible la distribución entre clases; el marginalismo reorganizó el análisis alrededor de decisiones individuales y precios; Keynes mostró que la demanda agregada podía fallar en garantizar pleno empleo; las reformas de finales del siglo XX revalorizaron competencia, disciplina macroeconómica y mercados; el estructuralismo latinoamericano puso en primer plano la estructura productiva y la periferia; el post-keynesianismo y MMT reabrieron la discusión sobre dinero y soberanía; y la economía feminista cuestionó qué actividades cuentan como producción y bienestar.

El resultado no es una caja de herramientas donde todas las teorías sirven indistintamente. Cada marco formula hipótesis que deben ser sometidas a evidencia. Pero aprender su historia permite reconocer qué supuestos se esconden detrás de afirmaciones aparentemente técnicas. Decir que un déficit es demasiado grande, que un salario debe ajustarse, que una privatización aumentará eficiencia, que una industria necesita protección o que el cuidado debe financiarse públicamente no son afirmaciones neutrales: implican modelos sobre cómo funciona la economía y sobre qué resultados importan.

🔭 Para seguir aprendiendo

  • ¿Qué supuestos sobre poder y distribución quedan todavía fuera tanto de la economía convencional como de varias corrientes heterodoxas?
  • ¿Cómo cambiarían las teorías de soberanía monetaria si el comercio internacional dependiera menos de unas pocas monedas dominantes?
  • ¿Qué indicadores deberían acompañar al PIB para representar simultáneamente productividad, desigualdad, sostenibilidad y cuidados?
Ahora tú

Actividad de aprendizaje autónoma

Producto final: memo comparativo de pensamiento económico. Seleccione un problema económico actual de México o América Latina —por ejemplo, inflación, vivienda, informalidad, cuidados, deuda pública, industrialización, empleo juvenil, transición energética o dependencia de importaciones— y analícelo mediante marcos teóricos que no parten de los mismos supuestos.

  1. Defina el problema con un indicador verificable y una fuente pública. No empiece todavía por una solución.
  2. Explique cómo lo interpretaría un enfoque asociado a economía convencional o a las reformas orientadas al mercado. Identifique al menos un mecanismo causal.
  3. Reinterprete el mismo problema con una perspectiva heterodoxa pertinente: estructuralista, post-keynesiana, institucionalista u otra claramente identificada.
  4. Incorpore una dimensión monetaria o fiscal. Explique qué cambiaría si se adopta una lectura post-keynesiana o MMT y qué limitación tendría esa lectura en una economía latinoamericana.
  5. Incluya la pregunta feminista: ¿qué efectos sobre cuidados, tiempo, distribución intrahogar o trabajo no remunerado permanecen invisibles en los otros análisis?
  6. Compare los marcos. Señale una fortaleza y un punto ciego de cada uno en lugar de declarar simplemente un “ganador”.
  7. Formule una tesis final de entre 180 y 250 palabras que indique qué combinación de mecanismos explica mejor el problema y qué evidencia adicional necesitaría para poner a prueba esa conclusión.
🌱 Generador de tesis comparativa
Escriba el problema y la tensión teórica principal para producir un punto de partida que después deberá argumentar con evidencia.

Evidencia de logro: el memo final debe incluir un problema respaldado por datos, al menos tres marcos económicos claramente diferenciados, una dimensión latinoamericana, una discusión monetaria o fiscal, una lectura feminista y una conclusión que reconozca evidencia favorable y evidencia potencialmente contradictoria.

Criterio de calidad: un trabajo avanzado no se limita a escribir “Smith pensaba X, Keynes pensaba Y”. Debe mostrar cómo los supuestos producen diagnósticos distintos. La evidencia de comprensión aparece cuando el mismo fenómeno cambia de significado al ser observado desde marcos diferentes y cuando puede explicar por qué esa diferencia llevaría a políticas distintas.

Reflexión final: después de comparar los marcos, identifique cuál de sus propias intuiciones económicas daba por evidente antes de iniciar la ficha. ¿Sigue pareciendo evidente o ahora puede reconocer la teoría histórica que estaba implícita detrás de ella?

Referencias bibliográficas — APA 7

  • Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2025). Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares de México 2024. INEGI.
  • Keynes, J. M. (1936). The general theory of employment, interest and money. Macmillan.
  • Lavoie, M. (2014). Post-Keynesian economics: New foundations. Edward Elgar Publishing.
  • Ostry, J. D., Loungani, P., & Furceri, D. (2016). Neoliberalism: Oversold? Finance & Development, 53(2), 38–41.
  • Prebisch, R. (1950). The economic development of Latin America and its principal problems. United Nations Economic Commission for Latin America.
  • Smith, A. (1776/1976). An inquiry into the nature and causes of the wealth of nations. Oxford University Press.
  • Vergnhanini, R., & De Conti, B. (2018). Modern Monetary Theory: A criticism from the periphery. Brazilian Keynesian Review, 3(2), 16–31. https://doi.org/10.33834/bkr.v3i2.115
  • Waring, M. (1988). If women counted: A new feminist economics. Harper & Row.
  • Williamson, J. (1990). What Washington means by policy reform. En J. Williamson (Ed.), Latin American adjustment: How much has happened? Institute for International Economics.
  • Wray, L. R. (2014). From the state theory of money to Modern Money Theory: An alternative to economic orthodoxy. Levy Economics Institute Working Paper, 792.